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20 de marzo de 2011

(103) LA NECRÓPOLIS ROMANA DE CARMONA:

A pocos kilómetros de Sevilla se encuentra uno de los más bonitos pueblos de la provincia: Carmona, situada en una meseta casi inexpugnable, dominando las fértiles tierras del valle del Guadalquivir. Aquí tuvo lugar uno de los conflictos bélicos más importantes de la antigüedad, entre Cartago y Roma. Durante la época imperial la ciudad experimenta un importante crecimiento urbano, que la llevará al sexto lugar entre las ciudades de la Bética. Se construye así una necrópolis, que se extiende hacia el oeste, cerca de la llamada Puerta de Sevilla y, avanzado el Imperio, se construye también el anfiteatro.
Las primeras evidencias de enterramientos en la necrópolis proceden de monumentos funerarios tartésicos (siglo VII a.C.), realizados mediante la excavación en el terreno de una fosa central cubierta por un túmulo de tierra. Los primeros enterramientos romanos datan del siglo II a.C. y al comienzo del periodo imperial se generaliza la construcción de cámaras excavadas en la roca, de carácter familiar, como puede apreciarse en las imágenes del llamado Mausoleo Circular:
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La más monumental de las tumbas, la llamada Tumba de Servilia, reproduce el esquema de un edificio de influencia helenística, mediante una galería que rodea a un patio central. Aquí fueron halladas la mayor parte de las esculturas que hoy se encuentran en el museo, incluida la escultura de Servilia que encabeza este post.
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En la llamada Tumba de Postumio se combinan nichos cinerarios con una inhumación, conservándose el ustrinum (lugar destinado a la cremación de los cadáveres), un altar y restos de frescos firmados por C. Silvanus:
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